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domingo, 31 de mayo de 2015

Te quiero, Marcelo.

Amanece y es el cuarto día. ¿Os acordáis? Dije que estaría cuatro días más. Se acabó amigos.

¡No! Aun queda disfrutar de todo este día. Marcelo, a modo de despedida, me dijo que me llevaría a uno de los lugares más emblemáticos e históricos de la provincia napolitana: ¡El Vesubio! Es un volcán inmenso conocido en, prácticamente, todos los rincones del planeta Tierra.

Una vez llegados al punto más alto donde la empresa que coordina el senderismo en la ya mencionada montaña permite, hemos hecho un pic-nic. ¡Deliciosos bocadillos de paté!

En el postre he mirado a la nada, mientras pensaba en todo. Este viaje me ha cambiado la vida y aunque tú quizá nunca llegues a saberlo: Te quiero, Marcelo. Cada paso que he dado para llegar hasta aquí, cada lágrima, cada noche de insomnio tienen tu nombre grabado en la dedicatoria. Siéntete afortunado, pues eres dueño de un corazón.

Os adjunto una vista cenital del volcán. Si entrase en erupción, lo apagaría con mis lágrimas por amor.


                                                                                                 Alba Soria Cañamero

Llegó el momento.

¡Por fin! ¡Es él! No puedo estar más feliz, ha sido impresionante, increíble e imposible de mejorar.

Queridos lectores, probablemente, muchos de vosotros estábais esperando este momento, al igual que yo. Por eso, me gustaría contaros con cada detalle cómo ha sido el encuentro. Quiero intentar que os pongáis en mi piel y que sintáis lo que he sentido yo en ese mismo instante.

Perdida por las estrechas calles, tras recibir la ayuda del jovenzuelo de 70 años, he tenido el honor de vivir un espectáculo típico de esta ciudad, el Festival de Nápoles, que según ponía en el folleto que me han repartido, se trata de un concurso de canto de las canciones tradicionales creado en 1952, pero con los nervios no he podido disfrutar del todo, por eso he pasado un poco de largo.

Tras pasar por esa calle llena de cantantes napolitanos, he entrado en una calle repleta de pizzerias, que si no hubiera sido por mi impaciencia y nerviosismo habría probado un trozo de cada una de ellas. En esa calle he podido afirmar que la pizza es el plato típico italiano, y que en Nápoles el ingrediente típico de ellas es el pescado y el marisco.

Al fondo, una casa azul, grande, típica italiana, llamaba la atención de mis ojos. Me acerqué, 38. Esta es. ¿Os podéis creer que, después de tanto tiempo esperando este momento, he sentido un poco de miedo? Un sentimiento extraño recorría mi cuerpo, pero sin pensármelo dos veces he llamado y después de cinco o seis segundos esperando en la calle, ahí estaba con él, abrazándole, casi con lágrimas en los ojos. Ha sido un momento mágico. No hemos podido parar de hablar en toda la tarde. Él me ha contado las cosas más importantes que han pasado en su vida hasta este momento, y yo también, aunque no se lo he contado todo, el momento que he vivido hoy al reencontrarme con él también se incluye en esas cosas cosas que considero más importantes pero no, no me he atrevido a decirlo.

Ahora estamos aquí, en su casa, él está preparándose porque nos vamos a dar una vuelta y yo más feliz que nunca os deseo unas muy buenas noches.

                 

                                                                                              Carolina Planells Tarazona

¡Qué sí, señor! ¡Qué sí!

Una uña, dos uñas, tres uñas. ¡Oh, vaya! Ya no me quedan uñas. Esto, ahora sí, llega a su fin. Ya estoy preparada para ir a la dirección que me ha enviado Marcelo.

¡Un momento! Para encontrar la dirección, me he acercado a un jovenzuelo de unos 70 años, aproximadamente, a preguntarle. Ya sabéis como son algunas personas, es decir, les preguntas una cosa y acaban contándote su vida, la de su primo y la del tío de su esposa.

En definitiva, para que me dijese dónde está la calle, me he tenido que tragar que Nápoles es lo que es gracias al comercio marítimo, del cual se ha nutrido históricamente. Al estar abierto al mar Mediterráneo, me decía, entraban los recursos mediante la vía portuaria. Además, era un importante proveedor de recursos para las localidades del interior. 

Pero, ¡eh! ¡Ya sé donde está la calle! ¡Por fin! O quizá debiera decir: ¿Por fin?


                                                                                               Alejandro Gil Álvarez

sábado, 30 de mayo de 2015

¡Una muy buena noticia!

De este viaje he sacado como conclusión que no pienso coger un bus en los próximos 20 años, como mínimo. Por lo menos, ya he llegado a Nápoles. Pero, bueno,  no os preocupéis que esta no es la buena noticia. Esto no es, precisamente, lo que os quería decir.

¡Marcelo me ha llamado por teléfono! Así, sin más. Después de todo un viaje de aventuras. ¡Con lo fácil que hubiera sido una llamada desde un principio! Pero ya no me importa por que, por fin, lo voy a ver. He cancelado mi billete de vuelta y, por supuesto, he llamado a mi madre para decirle que me quedo 4 días más en el apartamento de Marcelo. Quiero pasar unos días con él para hablar de todo y disfrutar de Nápoles, la última ciudad de visita de mi viaje. O eso creo.

Lo primero que me ha dicho cuando he respondido a su llamada ha sido un perdón. Perdón por no haber dado señales de vida y haberme dejado colgada por Italia, pero le he dicho que no importa. Yo he disfrutado del viaje igualmente; de todas formas, me alegra que se haya disculpado y ha insistido en darme explicaciones. Resulta que Marcelo es miembro del PD, el Partido Democrático de Italia, y como es el que gobierna actualmente ha andado liado con conferencias y asuntos de políticos. A saber.

La política de Italia se basa en un sistema republicano parlamentarista con democracia representativa y el presidente de la república es el jefe del estado del país. No me ha dicho mucho más por teléfono. Hemos quedado, hoy, a las 18:00h. En su apartamento. Me ha mandado la dirección vía WhatsApp.
He buscado la dirección y me he quedado asombrada. No recordaba que Marcelo tuviera tan buen gusto.

Os dejo una imagen de la ubicación de su apartamento. Por favor, fijaos en las vistas.


Estoy impaciente por verle. ¿Cómo estará? Hace tanto que no le veo.

Paula Rubio Muñoz

viernes, 29 de mayo de 2015

Tomar una decisión

Buenas tardes, amigos:

Como bien dije, voy a ver si me como Roma, pero, sin embargo, es Roma la que me come a mi. Es tan grande y tan bonita que necesitaría muchos más días para conocerla y poder disfrutarla un poquito más, pero eso es justo lo que me faltan: Días.

Esta mañana, me ha llamado mi madre un poco preocupada. Dice que se alegra de que me lo esté pasando tan bien y está sorprendida del giro inesperado que ha realizado mi viaje. Ella, además, sabe cuál es mi relación con Marcelo y cuáles son mi sentimientos hacia él. Por ello, me apoya a que continúe con mi viaje, pero es cierto que se está haciendo demasiado largo y no he vuelto a recibir noticias de él. 

La conclusión es que, por mucho que tenga ganas de verle, mi vida no gira en torno a él. Mi madre necesita ayuda con la tienda y, yo, ya me he tomado suficientes vacaciones.
Ahora mismo, estoy confundida porque he sentido tanta alegría y emoción de pensar que podía llegar a verle en este viaje, pero ya no siento lo mismo. Estoy decepcionada porque no me puedo pasar la vida buscándole y esto se está haciendo eterno.

¡He tomado una decisión! Italia me fascina, no me quiero ir y, en el fondo, aún tengo la esperanza de recibir alguna noticia de Marcelo, que espero que sea definitiva. Pero como tengo que volver y ayudar a mi madre, he reservado mi viaje de vuelta en barco desde la ciudad de Nápoles. Mi barco sale en 4 días así que ese es mi tiempo restante de disfrutar aquí.

He decidido seguir esta ruta costera hasta Nápoles. ¡Seguro que disfruto mucho!

Paula Rubio Muñoz